La personalidad narcisista
Todos, alguna vez en la vida, nos hemos cruzado con personas de trato difícil, personas que parece que por sistema se quieran situar por encima de los demás poniéndose a sí mismos como ejemplo de casi cualquier cosa que se lleve a cabo en el entorno donde se mueven e incluso con una tendencia inusual a mantener un trato despreciativo hacia aquellos que les rodean.
Sin duda, para todos aquellos que se relacionen a diario con este tipo de personas y que no pertenezcan a su círculo de intimidad su presencia se hace rápidamente incómoda, uno tiende a sentir que se le pone en una posición de inferioridad y eso no le gusta a nadie. Si además resulta que la persona ostenta un cargo de poder la situación puede llegar a ser insoportable.
Es fácil observar que este tipo de personas no tienen interés por los demás ni su vida interior y correlato de ello es el hecho de que establecen relaciones en donde buscan ser admirados, de manera natural no les sale acercarse a las personas ni sienten ese anhelo ya que no han desarrollado esa capacidad.
Admiración vs reconocimiento
Como he dicho en otros artículos, los seres humanos somos seres relacionales, esto quiere decir que sin la interacción con los demás no podríamos desarrollarnos, todos hemos necesitado de alguien que nos sustente en las etapas más tempranas de la vida cuando éramos completamente dependientes. Este sustento se ha dado, por supuesto, a un nivel fisiológico cuando, por ejemplo, la madre se ha ocupado de amamantarnos o de protegernos del frio, pero también se ha dado a nivel mental, ya que ésta, el padre y los otros adultos de referencia nos han proveído de experiencias de interacción donde hemos sido reconocidos, es decir, alguien se ha encargado de reconocer nuestros estados internos y de darles respuesta por nosotros hasta que hemos sido capaces de hacer esto por nosotros mismos. Este reconocimiento del que hablo, es una primigenia forma de amor que todos los seres humanos necesitamos en cierta medida para subsistir y poder a la vez desarrollar la capacidad de reconocer a los demás y sus estados internos.
En el caso de los narcisistas estas experiencias primarias de reconocimiento por parte de alguien no han tenido lugar de manera satisfactoria, tal vez, su madre fuera muy fría o tuviera una depresión, o estuviera angustiada, quien sabe. El caso es que por posibles diferentes razones estás personas no han gozado de la necesaria y genuina dosis de amor suficiente para el desarrollo de una saludable vida mental que incorpore la capacidad de reconocer al otro y sus estados internos (empatía).
Al haberse visto privado de este tipo de interacciones de calidad afectiva, el potencial narcisista aprende a suplir esa necesidad de reconocimiento genuino a través de comportamientos que buscan atraer la mirada del otro, la madre, el padre y en el futuro los demás. Se produce entonces una especie de confusión, las necesidades básicas de afecto son reemplazadas por la necesidad de admiración y esto le lleva a desarrollar una personalidad en la que el intercambio natural de reconocimiento tan necesario para sentirse en sintonía con los demás no llega a tener lugar.
No hay que olvidar que debido a este hecho, el narcisista es un depresivo latente, es decir, alguien cuya personalidad se ha desarrollado encima de, en palabras del psicoanalista y bioquímico británico de origen húngaro Michael Balint, una falta básica. Esto significa que hay un vacio estructural, algo necesario que no se obtuvo y que tuvo que ser substituido por otra cosa para asegurar la supervivencia mental del individuo.
¿Se puede ayudar a un narcisista?
Para poder ayudar a alguien en quien predomina este tipo de funcionamiento relacional es necesario que una parte de la persona se dé cuenta de ello y pida ser ayudado, como todos los trastornos mentales de origen psicológico, el narcisismo puede darse en grados distintos. No será los mismo, por lo tanto, alguien que funcione parcialmente de esta manera que alguien cuya personalidad este totalmente basada en este funcionamiento. Así que lo más importante es estar atentos en qué medida la persona reconoce su dificultad para vincularse saludablemente y utilizar esa sensación de falta para poder transformar este hecho en una demanda de ayuda.
¿Es arriesgada la convivencia con un narcisista?
La personalidad narcisista tiene como característica principal la búsqueda de la admiración y esta tendencia puede venir acompañada por la de situar a los demás en un lugar inferior. La relación de intimidad con un narcisista vendrá determinada por un posicionamiento definido en la relación tanto de él o ella como del otro. Las personas que establecen lazos de intimidad con narcisistas suelen estar situadas en un lugar relacional de dependencia o sumisión, ya que de otro modo no podrían ser satisfechas las necesidades de éste.
El grado de poder que se le otorgue al narcisista puede variar en función del rol social que desempeñe y esto puede suponer que aquellos que le rodean sufran las consecuencias de ello.
Hemos pues de estar alerta de ello y aprender a protegernos. A veces, en función de la predominancia o no de aspectos sanos, convendrá alejarnos de la relación para preservar nuestra propia integridad, otras, convendrá moderar el contacto y en los casos de mejor pronóstico, tal vez, el narcisista inicie un proceso de psicoterapia i transformación que le lleve a modificar su manera de relacionarse. Desgraciadamente, estos últimos casos, son escasos.
Enric Artés Closa
Psicólogo-psicoterapeuta
enricartes@copc.cat




