La depresión en la adolescencia
La depresión en los jóvenes no constituye un campo de estudio por sí mismo hasta hace bien poco. A principios del siglo veinte, lo único que interesaba a los teóricos de la psiquiatría y la psicología de la adolescencia y la juventud era el idiotismo y los trastornos caracteriales de jóvenes delincuentes, sin embargo hoy en día se ha avanzado mucho en el estudio de la idiosincrasia de esta etapa de la vida así como de la psicopatología asociada. Hoy nos centraremos en la depresión en la adolescencia i la juventud, procuraremos sobretodo explicar donde debemos situar la fina línea entre los afectos depresivos o la tristeza normal propia de los entresijos de esta etapa de la vida y los signos de alarma que nos pueden llevar a detectar aspectos psicopatológicos en el joven.
Entendamos la adolescencia
En primer lugar es importante entender que la adolescencia es un periodo caracterizado por una multiplicidad cambios que tienen lugar a mucha velocidad. Algunos teóricos de la materia lo comparan a los 3 primeros años de vida de un bebé, ya que solo en estas dos etapas se dan tantos cambios psicofisiológicos en tan poco tiempo.
En la adolescencia las necesidades cambian, hay un acrecentamiento de la necesidad de autonomía ligado a la sexualización del cuerpo y a la constitución de la propia identidad como sujeto que empieza a consolidar su propia manera de relacionarse consigo mismo y con el mundo. Esto lleva al adolescente a iniciar un proceso de negociación, no carente de dificultades, con sus figuras de apego para poder llevar a cabo una transformación del vínculo que dé lugar a lo que más adelante será su adulta manera de relacionarse. En 1958 Freud comparaba la adolescencia con el proceso de duelo ya que el joven debe renunciar a la infantil representación idealizada de los padres para que esta de paso a nuevas representaciones más ajustadas a la realidad, es decir, el adolescente empieza a cuestionar-se, a criticar i a querer ser el mismo más que en cualquier etapa anterior de la vida. Para que esto tenga lugar, aquellos que conviven con el adolescente deben estar capacitados para tolerar un cierto grado de caos i desorganización, ya que su función será la de facilitar este proceso.
Debido a este proceso de pérdida y cambio que tiene lugar en la adolescencia, el adolescente presenta una cierta fragilidad de la relación consigo mismo durante este periodo que puede llevarle a manifestar expresiones sintomáticas sin que por ello sufra de ningún trastorno.
Así mismo, es normal la aparición de afectos depresivos en ciertos momentos de esta etapa sin que debamos pensar en que por ello el joven padece una depresión.
Para que podamos hablar de depresión en la adolescencia se deben dar los siguientes indicadores de manera continuada (DSM-IV)
- Humor depresivo o irritabilidad en el adolescente
- Disminución marcada del interés o del placer por las actividades
- Perdida o ganancia de peso significativa
- Insomnio o hipersomnia
- Agitación ralentizamiento psicomotor
- Fatiga o perdida de energía
- Sentimiento de desvalorización o culpabilidad excesivos
- Disminución de su capacidad para pensar y/o concentrarse
- Pensamientos de muerte o ideas suicidas
Si se dan la aparición de estos indicadores de manera continuada será recomendable acudir lo antes posible a un profesional ya que si no se trata puede volverse oscilante o cronificarse.
Previniendo la depresión: puntos a estimular para una adolescencia saludable
El grupo de amigos
Un adolescente saludable tiene su grupo de amigos, esto es indispensable, los adolescentes han de poder desempeñar un rol en el grupo de iguales, es un soporte saludable para el proceso de devenir individuos adultos ya que les permite contrastar sus criterios con otros que no sean los padres y que cobran una importancia primordial en la vida de estos
La capacidad para ilusionarse
Es importantísimo que el joven pueda sentirse ilusionado con lo que hace, que pueda desarrollar sus intereses que son solo suyos y que le ayudan a constituir un saludable sentimiento de identidad. Las actividades ilusionantes son estructurantes, es importante detectar las áreas de interés de este y estimularlas sin ser invasivos, necesita sentir que es él quien decide cuando y donde.
La discrepancia, el sentido crítico y la capacidad de negociación
Como adultos de referencia hemos de estimular la capacidad crítica del adolescente y su fortaleza interna a través de la negociación de las situaciones conflictivas invitándole a que sea él quien proponga soluciones acorde con los intereses de todos. Es importante evitar los ultimátums y la rigidez, el adolescente necesita de un marco seguro y estable con la suficiente flexibilidad para darle su lugar él y a toda la conflictiva propia de esta etapa.
La existencia de vínculos de confianza fuera del seno familiar
El adolescente está en una etapa clave para aprender a relacionarse con el mundo y a abordarlo sin temor, para ello es importante que sea capaz de establecer relaciones de confianza fuera de los círculos familiares. Hay que permitirle ir hacia lo desconocido con confianza y seguridad, y ello solo se conseguirá haciéndole saber que como padres confiamos en él y en sus capacidades.
Conclusión
Hemos de tener claro que nuestra función como adultos de referencia es la de proveer al adolescente de un entorno emocionalmente seguro y de estimular su desarrollo, esto se consigue confiando en él y apoyándolo en la difícil empresa de devenir el mismo, con sus gustos, sus intereses y su propia manera de relacionarse con el mundo.
Enric Artés Closa
Psicólogo-psicoterapeuta
enricartes@copc.cat




